Terça-feira, Fevereiro 09, 2010
Este é também o ano Lev Tolstoi, faz 100 anos que morreu, e o ano Anton Tchekov, faz 150 anos que nasceu.
Factos mais do que sufientes para não andar distraído e para serem lembrados aqui no blog, ao longo de todos os meses deste ano.
O primeiro post dedicado a Tchekov já está pronto, o título, entrada: Taganrog, Anton Tchekov: 150 anos 150 posts.
O primeiro dedicado a Tolstoi ainda não está, nem tem título ainda.
Para já, uma fotografia dos dois: para memória dessa visita [de Tchekov a Tolstoi] Sónia, a mulher do autor de Guerra e Paz, tirou uma fotografia aos dois.
Noutro dia que não o mesmo desta fotografia, "A 7 de Dezembro [de 1902] Tolstoi telefonava-lhe:
«- Sinto-me hoje tão feliz --dizia ele-- que gostava que também se sentisse feliz comigo. Você especialmente. É um homem tão bom --um homem tão bom!»"
Uma nota só para dizer... acontecimento... a Relógio D`Água fez o favor de editar.
Da Relógio D`Água, para quem não sabe, são também os Contos de Tchékhov, já no sétimo volume, creio.
posted by luis Terça-feira, Fevereiro 09, 2010
Segunda-feira, Fevereiro 08, 2010
posted by luis Segunda-feira, Fevereiro 08, 2010
Apresentação por Guilherme d'Oliveira Martins e José Tolentino Mendonça.
Título: CRÓNICAS: IMAGENS PROFÉTICAS E OUTRAS 1.º volume
Autor: João Bénard da Costa
Colecção: Peninsulares
Ano de edição: 2010 / Tema, classificação: Crónicas
N.º de páginas: 416
"Divino no sentido de divo, que ele semo ser plenamente foi, como seu porte de velho senhor, o mesmo riso de demiurgo que quase juramos haver já visto fixado pelos romanos em alguma estatuária, o brilho hiperbólico, a inteligência analogamente intensa, o timbre cavo, a curiosidade, a coquetterie, o enigma e, por fim, surpreendentemente ou não, a inocência.
E divino também no sentido literal, na medida em que essa era a natureza do seu olhar. Quando João Bénard explicava aos incautos (osmesmos que, semo saber ou dizer, chegamtão cautos) que o seu tempo não era este, não era o deles, era o da maria cachucha, que reivindicava ele? Uma imperdoável apostasia: a de um contemporâneo que se coloca na pré-história.
[…]
A escrita de Bénard, costurada em digressões permanentes, parêntesis e alvéolos, mostra, além disso, como a palavra é inseparável da memória. Nos ambientes gregos inspirados, ela era tida por omnisciência de carácter divinatório, expressa nomantra: «o que é, o que será, o que foi».Nosmeios judaicos e cristãos, era interpretada pelo binómio profecia e cumprimento. Amemória não é apenas o suporte da palavra: é, sobretudo, a potência (poética, maiêutica…) que confere ao verbo o seu estatuto de significação máxima.»
José Tolentino Mendonça, na apresentação"
posted by luis Segunda-feira, Fevereiro 08, 2010
Sexta-feira, Fevereiro 05, 2010
posted by luis Sexta-feira, Fevereiro 05, 2010
Quinta-feira, Fevereiro 04, 2010
aún sin título ou post preparado para 30 minutos de leitura e
Terrence Malick
1. ...estará en la nueva película de Terrence Malick . A grande notícia não é que vamos ter mais um Malick, não, não se enganem, é, antes, isso sim, ai, ai, que bom, que Bardem fará parte do elenco, isso é que é importante, importantíssimo.
Nadal era inumano e Rohmer légende du cinéma français.
Já por cá, até o jornal A Bola anunciou a boa nova.
2. Ora aí está: Llega el 'blog' de Babelia: Papeles Perdidos : "es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Arte, literatura, música, arquitectura, artes escénicas y cine, recomendaciones de fin de semana, tendencias... Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, "lo mismo, nomás que diferente". "
3. Editado em 1978, Mondo y otras historias, Le Clézio, vai ser agora publicado em Espanha; para quem não conhece, como é aqui o caso, aqui fica mais uma oferta de um dos diários espanhóis, el pais, neste caso no Babelia:
La rueda de agua
El sol todavía no ha salido sobre el río. Por la angosta puerta de la casa, Juba mira las aguas planas que ya espejean, al otro lado de los campos grises. Se incorpora en la cama, aparta la sábana que lo envuelve. El aire frío de la mañana le da escalofríos. En la casa oscura, hay otras formas enrolladas en las sábanas, otros cuerpos dormidos. Juba reconoce a su padre, al otro lado de la puerta, a su hermano y, al fondo, a su madre y a sus dos hermanas muy juntas bajo la misma sábana. Un perro ladra largamente, en alguna parte, con una voz extraña que canta y luego se estrangula. Pero no hay muchos ruidos en la tierra, ni en el río, pues el sol todavía no ha salido. La noche está gris y fría, lleva el aire de las montañas y del desierto y la luz pálida de la luna.
Juba mira la noche temblando, sin moverse de su cama. A través de la manta de juncos trenzados, el frío de la tierra sube y se forman gotas de rocío sobre el polvo. Fuera, las hierbas brillan un poco, como filos húmedos. Las acacias grandes y delgadas están negras, inmóviles en la tierra resquebrajada.
Juba se levanta sin hacer ruido, dobla la sábana y enrolla la estera, luego camina sobre el sendero que atraviesa los campos desiertos. Mira el cielo, al este, y adivina que el día aparecerá de un momento a otro. Siente la llegada de la luz en el fondo de su cuerpo, y la tierra también lo sabe, la tierra labrada de los campos y la tierra polvorienta entre los arbustos de espinos y los troncos de acacias. Es como una inquietud, como una duda que viene desde el cielo, recorre el agua lenta del río y se propaga a ras de la tierra. Las telas de araña tiemblan, los pastos vibran, los moscardones sobrevuelan las charcas, pero el cielo está vacío, pues los murciélagos se han ido y todavía no han llegado los pájaros. Bajo los pies descalzos de Juba, el sendero es duro. La vibración lejana camina al mismo tiempo que él, y los grandes saltamontes grises comienzan a brincar por los pastos. Lentamente, mientras Juba se aleja de la casa, el cielo se aclara río abajo. La bruma desciende entre las orillas, a la velocidad de una balsa, estirando sus membranas blancas.
Juba se detiene en el camino. Mira un instante el río.
Sobre las orillas de arena, los juncos mojados están inclinados. Un gran tronco negro oscila en la corriente, se hunde y saca sus ramas como el cuello de una serpiente que nada. La sombra está todavía sobre el río, el agua es pesada y densa, fluye formando pliegues lentos. Pero más allá del río, ya aparece la tierra seca. El polvo es duro bajo los pies de Juba, la tierra roja está quebrada como las vasijas viejas, los surcos zigzaguean, semejantes a antiguas fisuras.
La noche se abre poco a poco, en el cielo, sobre la tierra. Juba cruza los campos desiertos, se aleja de las últimas casas de campesinos, ya no ve el río. Sube un montículo de piedras secas de donde cuelgan algunas acacias. Juba recoge del suelo algunas flores de acacia que mastica al escalar el montículo. El jugo se esparce en su boca y disuelve el embotamiento del sueño. Al otro lado de la colina de piedras esperan los bueyes. Cuando Juba llega cerca de ellos, los grandes animales patean cojeando y uno de ellos echa la cabeza hacia atrás para mugir.
«¡Tttt! ¡Uta, uta!», dice Juba y los bueyes lo reconocen. Sin dejar de chasquear con la lengua, Juba les quita las trabas y los conduce hacia lo alto de la colina de piedras. Los dos bueyes avanzan con dificultad, cojeando, porque las trabas han entumecido sus patas traseras. El vapor sale de su hocico.
Cuando llegan frente a la noria, los bueyes se detienen. Se agitan y tiran para atrás, hacen ruidos con la garganta, las pezuñas golpean el piso y despiden piedras. Juba ata los bueyes en el extremo de un largo madero. Mientras ajusta las bestias en el yugo, sigue chasqueando la lengua contra el paladar. Las moscas comienzan a volar alrededor de los ojos y el hocico de los bueyes y Juba ahuyenta las que se posan en su cara y en sus manos.
Los animales esperan junto al pozo, el pesado timón de madera cruje y rechina cuando dan un paso adelante. Juba tira de la cuerda atada al yugo y la rueda comienza a gemir, como un barco que se sacude. Los bueyes grises caminan pesadamente por el sendero circular. Las pezuñas se apoyan sobre las huellas del día anterior, cavan los antiguos surcos en la tierra roja, entre las piedras. En el extremo del largo madero está la gran rueda que gira al mismo tiempo que los bueyes y cuyo eje impulsa el engranaje de la otra rueda vertical. La larga correa de cuero baja hasta el fondo del pozo, llevando los cubos hasta el agua.
Juba excita a las bestias haciendo chasquear la lengua continuamente. También les habla, en voz baja, suavemente, porque la oscuridad envuelve aún los campos y el río. La pesada máquina de madera rechina y cruje, se resiste, vuelve a empezar. Los bueyes se detienen cada tanto, y Juba tiene que correr tras ellos, darles un latigazo en las nalgas, empujar el timón. Los bueyes retoman su marcha circular, la cabeza gacha y resoplando.
Cuando el sol sale por fin, ilumina de una vez los campos. La tierra roja está llena de surcos, muestra sus bloques de greda seca, sus piedras agudas que brillan. Sobre el río, al otro lado de los campos, la bruma se rasga, el agua se ilumina.
Una bandada de pájaros surge brutalmente de las orillas, entre los juncos, estalla en el cielo claro lanzando su clamor. Son las gangas, las perdices del desierto, y sus gritos agudos sobresaltan a Juba. De pie sobre las piedras de los pozos, las sigue por un instante con la mirada. Los pájaros suben alto en el cielo, pasan frente al disco del sol, luego se inclinan nuevamente hacia la tierra y desaparecen en las hierbas del río. Lejos, al otro lado de los campos, las mujeres salen de las casas. Encienden los braseros, pero la luz del sol es tan nueva que no llega a empañar el brillo rojo del carbón de madera que está ardiendo. Juba oye gritos de niños, voces de hombres. Alguien, en alguna parte, llama y su voz aguda resuena largo rato en el aire:
«Ju-uuu-baa».
Ahora los bueyes caminan más rápido. El sol recalienta sus cuerpos y les da fuerzas. El molino gime y rechina, cada diente del engranaje cruje al encajar en el otro, la correa de cuero, tensa por el peso de los cubos, produce una vibración continua. Los cubos suben hasta el brocal del pozo, se derraman por la canaleta de chapa, vuelven a bajar golpeando las paredes del pozo. Juba mira el agua que fluye haciendo olas a lo largo de la canaleta, corre por la acequia, baja a espacios regulares hacia la tierra roja de los campos. El agua corre como tragos lentos y la tierra seca bebe ávidamente. El barro invade el fondo del foso y el flujo regular avanza, metro a metro. Juba no se cansa de mirar el agua, sentado sobre una piedra en el borde del pozo. Junto a él, la rueda de madera gira muy lentamente, crujiendo, y el zumbido continuo de la correa sube por el aire, los cubos golpean contra la canaleta de chapa, uno después de otro, derraman el agua que fluye sibilante. Es una música lenta y llorosa como una voz humana, llena el cielo vacío y los campos. Es una música que Juba reconoce día tras día. El sol se eleva lentamente por encima del horizonte, la luz del día vibra sobre las piedras, sobre los tallos de las plantas, sobre el agua que fluye en la acequia. Los hombres caminan a lo lejos, en la curva del campo, siluetas negras en el cielo pálido. El aire se calienta poco a poco, las piedras parecen inflarse, la tierra roja brilla como una piel de hombre. Hay gritos, de un extremo a otro de la tierra, gritos de hombres y ladridos de perros, y que retumban en el cielo sin fin, mientras la rueda de madera gira y cruje. Juba ya no mira más a los bueyes. Les da la espalda, pero oye el aliento que les raspa la garganta, que se aleja, que vuelve. Las pezuñas de los animales golpean siempre las mismas piedras en el camino circular, se hunden en los mismos huecos.
Entonces Juba envuelve su cabeza en la tela blanca y ya no se mueve. Mira a lo lejos, tal vez, al otro lado de los campos de tierra roja, al otro lado del río metálico. No oye el ruido de la rueda que gira, no oye el ruido del pesado timón de madera que gira alrededor de su eje.
«¡Eh-oh!»
Canta en su garganta, lentamente, él también, con los ojos entrecerrados.
«¡Eeeeh-oooh, oooh-ooooh!»
Con las manos y el rostro ocultos bajo la tela blanca y el cuerpo inmóvil, Juba canta al mismo tiempo que la rueda que gira. Abre apenas la boca y su canto sale largamente de su garganta, como el aliento de los bueyes, como el zumbido continuo de la correa de cuero.
«¡Eeh-eeh-eyaah-oh!»
El aliento de los bueyes se aleja, vuelve, gira sin cesar a lo largo del camino circular. Juba canta para sí mismo y nadie lo puede oír, mientras el agua fluye a borbotones a lo largo de la acequia. La lluvia, el viento, el agua pesada del gran río que desciende hacia el mar, están en su garganta, en su cuerpo inmóvil. El sol sube sin prisa en el cielo, el calor hace vibrar las ruedas de madera y el timón.
Quizá sea el mismo movimiento que mueve el astro hacia el centro del cielo, mientras los bueyes avanzan pesadamente a lo largo del camino circular.
«¡Eya-oooh, eya-oooh, oooh-oh-ooo-oh!»
Juba oye el canto que sube en él, que atraviesa su vientre y su pecho, el canto que viene de la profundidad del pozo. El agua fluye en olas, del color de la tierra, y desciende hacia los campos desnudos. El agua gira también, lentamente, rodea los ríos, rodea los muros, rodea las nubes alrededor del eje invisible. El agua fluye estallando, crujiendo, fluye sin cesar hacia el abismo oscuro del pozo donde los cubos vacíos la vuelven a tomar.
Es una música que no puede terminar, pues está en todo el mundo, en el mismo cielo, donde asciende lentamente el disco solar, a lo largo de su camino curvo. Los sonidos profundos, regulares, monótonos, suben de la gran rueda de madera de engranajes plañideros, el torno gira alrededor de su eje haciendo su queja, los cubos de metal descienden hacia el pozo, la correa de cuero vibra como una voz y el agua sigue fluyendo por la canaleta, en oleadas, inunda el canal de la acequia. Nadie habla, nadie se mueve y el agua cae en cascadas, crece como un torrente, se expande en los surcos, en los campos de tierra roja y de piedras.
Juba inclina un poco la cabeza hacia atrás y mira el cielo. Ve el lento movimiento circular que deja sus huellas fosforescentes, ve las esferas transparentes, los engranajes de la luz en el espacio. El sonido de la rueda de agua llena toda la atmósfera, gira interminablemente con el sol. Los bueyes caminan al mismo ritmo, con la frente inclinada, la nuca tiesa bajo el peso del yugo. Juba oye el ruido sordo de sus pezuñas, el ruido de su aliento que va y viene, y les sigue hablando, les dice palabras graves que duran mucho, palabras que se mezclan con el quejido del timón, con los ruidos de esfuerzo de los engranajes de las ruedas, con el tintineo de los baldes que suben sin cesar, derraman el agua.
«¡Eeeya-ayaaah, eyaaa-oh! ¡Eyaaa-oh!»
Luego, mientras el sol sube lentamente, arrastrado por la rueda y por los pasos de los bueyes, Juba cierra los ojos. El calor y la luz forman un torbellino suave que lo transporta en esa corriente, a lo largo de un círculo tan vasto que parece que nunca se volverá a cerrar. Juba está sobre las alas de un buitre blanco, muy alto en el cielo sin nubes. Se desliza sobre sí mismo, a través de las capas del aire, y la tierra roja da vueltas lentamente bajo sus alas. Los campos desnudos, los caminos, las casas de techos de hojas, el río de color metal, todo gira alrededor del pozo,
haciendo un ruido que cruje y se desvencija. La música monótona de las ruedas de agua, el aliento de los bueyes, el gorgoteo del agua en la acequia, todo eso da vueltas, lo transporta, lo levanta. La luz es grande, el cielo está abierto. Ahora no hay más hombres, han desaparecido. Solamente hay agua, tierra, cielo, planos móviles que pasan y se cruzan, cada elemento semejante a una rueda dentada que muerde un engranaje.
Juba no duerme. Ha abierto nuevamente los ojos y mira frente a él, más allá de los campos. No se mueve. La tela blanca cubre su cabeza y su cuerpo y respira suavemente.
Entonces aparece Yol. Yol es una ciudad extraña, muy blanca en medio de la tierra desierta y de las piedras rojas. Sus altos monumentos todavía se mueven, indecisos, irreales, como si no hubieran sido terminados. Son semejantes a los reflejos del sol en los grandes lagos de sal.
Juba conoce bien esta ciudad. La ha visto a menudo, a lo lejos, cuando la luz del sol está muy fuerte y un velo de fatiga cubre los ojos. La ha visto a menudo, pero nadie se ha acercado, por los espíritus de los muertos. Un día, le preguntó a su padre el nombre de la ciudad, tan bella y tan blanca, y su padre le dijo que se llamaba Yol, y que no era una ciudad para los hombres sino solamente para los espíritus de los muertos. Su padre también le habló de aquel que reinaba en esta ciudad, hace mucho tiempo, un joven rey que había venido del otro lado del mar y que llevaba el mismo nombre que él.
Ahora, en la música lenta de las ruedas, en la luz cegadora, cuando el sol está en lo más alto del cielo, Yol ha aparecido, una vez más. Crece delante de Juba y él ve claramente sus grandes edificios temblar en el aire caliente. Hay altas torres sin ventanas, casonas blancas en medio de jardines de palmeras, palacios, templos. Los bloques de mármol brillan como si acabaran de ser cortados. La ciudad gira lentamente alrededor de Juba y la música monótona de la rueda de agua se parece al rumor del mar. La ciudad flota sobre los campos desiertos, liviana como los reflejos del sol en los grandes lagos de sal y, frente a ella, fluye el agua del río Azan como un camino de luz. Juba escucha el rumor del mar, al otro lado de la ciudad. Es un ruido muy pesado, que se mezcla con los redobles del tambor y con los bramidos de las bocinas y de las tubas. El pueblo de Himyar se amontona en las calles de la ciudad. Hay esclavos negros llegados de Nubia, cohortes de soldados, caballeros de capas rojas con cascos de cuero, los niños rubios de los habitantes de las montañas. El polvo sube por el aire, por encima de los caminos y de las casas, forma una gran nube gris que se arremolina en las puertas de las murallas.
«¡Eya! ¡Eya!», grita la multitud, mientras Juba avanza a lo largo de la vía blanca. Es el pueblo de Himyar que lo llama, que le tiende los brazos. Pero él avanza sin mirarlos, a lo largo de la vía real. En lo alto de la ciudad, por encima de las casas y de los árboles, el templo de Diana es inmenso, sus columnas de mármol parecen troncos petrificados. La luz del sol ilumina el cuerpo de Juba y lo embriaga, y él oye crecer el rumor continuo del mar. La ciudad a su alrededor es liviana, vibra y se ondula como los reflejos del sol en los grandes lagos de sal. Juba camina y sus pies no parecen tocar el suelo, como si lo transportara una nube. El pueblo de Himyar, los hombres y las mujeres caminan con él, la música escondida resuena en las calles y en las plazas y, a veces, el rumor del mar queda cubierto por los gritos que llaman:
«¡Juba! ¡Eya! ¡Ju-uuu-baa!».
La luz aparece de repente, cuando Juba llega a lo alto del templo. Es el mar inmenso y azul que se extiende hasta el horizonte. El lento movimiento circular traza la línea pura del horizonte y la voz monótona de las olas retumba contra las rocas.
«¡Juba! ¡Juba!»
Las voces del pueblo de Himyar gritan y su nombre suena en toda la ciudad, por encima de las murallas color tierra, en los peristilos de los templos, en los patios de los palacios blancos. Su nombre llena los campos rojos, hasta los límites del río Azan.
Entonces Juba sube los últimos peldaños del templo de Diana. Está vestido de blanco, sus cabellos negros están atados con una cinta de hilo dorado. Su bello rostro color cobre señala la ciudad y sus ojos oscuros miran, pero es como si vieran a través del cuerpo de los hombres, a través de los muros blancos de los edificios.
La mirada de Juba atraviesa las murallas de Yol, va más allá; sigue los meandros del río Azan, pasa la extensión de los campos desiertos, va hasta los montes Amour, hasta el manantial de Sebgag. Ve el agua clara que surge entre las rocas, el agua preciosa y fría que fluye haciendo su ruido regular.
La multitud se calla ahora, mientras Juba mira con sus ojos sombríos. Su rostro se parece al de un joven dios y la luz del sol parece multiplicada en sus ropas blancas y en su piel color cobre.
La música surge nuevamente, como un clamor de pájaros, reverbera entre los muros de la ciudad. Hincha el cielo y el mar, su onda se aleja largamente.
«Soy Juba», piensa el joven rey, luego dice en voz alta, con fuerza:
«¡Soy Juba, el hijo de Juba, el nieto de Hiempsal!».
«¡Juba! ¡Juba! ¡Eya-oooh!», grita la multitud.
«¡Soy Juba, vuestro rey!»
«¡Juba! ¡Ju-uuu-baa!»
«¡He regresado hoy y Yol es la capital de mi reino!»
El rumor del mar sigue creciendo. Ahora, por los escalones del templo sube una joven mujer. Es hermosa, lleva un vestido blanco que se mueve con el viento y sus cabellos claros están cargados de chispas. Juba toma su mano y camina con ella hasta el templo.
«¡Cleopatra Selene, hija de Antonio y de Cleopatra, vuestra reina!», dice Juba.
El ruido de la multitud cubre la ciudad.
La joven mira sin moverse las casonas blancas, las murallas y la extensión de tierra roja. Tiene una leve sonrisa.
Pero el lento movimiento de las ruedas continúa y el ruido del mar es más fuerte que las voces de los hombres. En el cielo, el sol desciende poco a poco, en su camino circular. Su luz cambia de color en los muros de mármol, alarga las sombras de la columnas.
Es como si ahora estuvieran solos, sentados en lo alto de los escalones del templo, junto a las columnas de mármol. A su alrededor, la tierra y el mar giran mientras emiten su quejido regular. Cleopatra Selene mira el rostro de Juba. Admira el rostro del joven rey, la frente alta, la nariz aguileña, los ojos alargados rodeados por el dibujo negro de las pestañas. Ella se inclina hacia él y le habla suavemente en una lengua que Juba no puede comprender. Su voz es suave y su aliento perfumado. Juba, a su vez, la mira y dice:
«Todo es hermoso aquí, hace tanto tiempo que deseo volver. Cada día, desde mi infancia, pensaba en el momento en que podría volver a ver todo esto. Quisiera ser eterno, para no abandonar nunca esta ciudad y esta tierra, para ver esto siempre».
Sus ojos sombríos brillan por el espectáculo que lo rodea. Juba no deja de mirar la ciudad, las casas blancas, las terrazas, los jardines de palmeras. Yol vibra a la luz de la tarde, ligera e irreal como los reflejos del sol en los grandes lagos de sal. El viento que sopla mueve los cabellos de Cleopatra Selene, el viento lleva hasta la parte más alta del templo el rumor monótono del mar.
La voz de la joven lo interroga, pronunciando simplemente su nombre:
«¿Juba... Juba?».
«Mi padre murió vencido aquí mismo», dice Juba.
«Me llevaron como un esclavo a Roma. Pero hoy esta ciudad es bella y quiero que sea aún más bella. Quiero que no haya una ciudad más bella sobre la Tierra. Se enseñará la filosofía, la ciencia de los astros, la ciencia de las cifras, y los hombres vendrán de todos los puntos del mundo para aprender.»
Cleopatra Selene escucha las palabras del joven rey sin comprender. Pero también mira la ciudad, escucha el rumor de la música que gira alrededor del horizonte. Su voz canta un poco cuando lo llama:
«¡Juba! ¡Eyaaa-oh!».
«En la plaza, en el centro de la ciudad, los maestros enseñarán la lengua de los dioses. Los niños aprenderán a venerar el conocimiento, los poetas leerán sus obras, los astrólogos predecirán el porvenir. No habrá tierra más próspera ni pueblo más pacífico. La ciudad resplandecerá por los tesoros del espíritu, por esta luz.»
El hermoso rostro del joven rey brilla en la claridad que rodea el templo de Diana. Sus ojos ven lejos, más allá de las murallas, más allá de las colinas, hasta el centro del mar.
«Los hombres más sabios de mi nación vendrán aquí, a este templo, con los escribas, y yo estableceré con ellos la historia de esta tierra, la historia de los hombres, de las guerras, de los grandes hechos de la civilización, y la historia de las ciudades, de los cursos de agua, de las montañas, de las orillas del mar, desde gipto hasta el país de Cerné.»
Juba mira a los hombres del pueblo de Himyar que se amontonan en las calles de la ciudad, alrededor del templo, pero no oye el ruido de sus voces, escucha solamente el rumor monótono del mar.
«No he venido por venganza», dice Juba.
Mira también a la joven reina sentada a su lado.
«Mi hijo Ptolomeo va a nacer», sigue diciendo. «Reinará aquí, en Yol, y sus hijos reinarán después de él, para que nada se termine.»
Luego, se pone de pie, en la plataforma del templo, completamente frente al mar. Una luz cegadora está sobre él, la luz que viene del cielo, que hace resplandecer los muros de mármol, las casas, los campos, las colinas. La luz viene del centro del cielo, inmóvil sobre el mar.
Juba ya no habla. Su rostro parece una máscara de cobre y la luz brilla en su frente, en la curva de su nariz, en sus pómulos. Sus ojos sombríos ven lo que hay más allá del mar. A su alrededor, las paredes blancas y las estelas de calcita tiemblan y vibran como los reflejos del sol en los grandes lagos de sal. El rostro de Cleopatra Selene está inmóvil también, iluminado, apaciguado como el rostro de una estatua.
Juntos, de pie el uno contra el otro, el joven rey y su esposa están sobre la plataforma del templo y la ciudad gira lentamente a su alrededor. La música monótona de las grandes ruedas ocultas llena sus oídos y se confunde con el ruido de las olas sobre las rocas de la orilla. Es como un canto, como una voz humana que grita de muy lejos, que llama:
«¡Juba! ¡Ju-uuu-baa!».
Las sombras se agrandan en la tierra, mientras el sol baja poco a poco hacia el oeste, a la izquierda del templo. Juba ve los edificios temblar y deshacerse. Se deslizan como nubes y, en el cielo y en el mar, el canto de las ruedas se vuelve más grave, más quejumbroso. Hay grandes círculos blancos en el cielo, grandes ondas que nadan. Las voces humanas disminuyen, se alejan, se desvanecen. A veces, todavía, se oyen los acentos de la música, los sonidos de las tubas, las flautas agrias, el tambor. O los gritos guturales de los camellos, cerca de las puertas de las murallas. La sombra gris y malva se extiende bajo las colinas, avanza en el valle del río. Sólo el templo está iluminado por el sol, se levanta sobre la ciudad como un navío de piedra.
Ahora Juba está solo en las ruinas de Yol. Las ondas lentas pasan sobre los mármoles quebrados, agitan la superficie del mar. Las columnas descansan en el fondo del agua, los grandes troncos petrificados perdidos entre las algas, las escaleras devoradas. No quedan hombres ni mujeres aquí, no hay más niños. La ciudad se asemeja a un cementerio que tiembla en el fondo del mar, y las olas vienen a golpear los últimos peldaños del templo de Diana, como un escollo. Siempre está el ruido monótono, el rumor del mar. Es el movimiento de las grandes ruedas dentadas que rechinan todavía, que gimen, mientras el par de bueyes atados al timón hace más lenta su marcha circular. En el cielo azul oscuro, la luna creciente ha salido y brilla con su luz sin calor.
Entonces Juba se quita el velo blanco que cubre su cabeza. Tiembla, porque el frío de la noche llega rápido. Sus miembros están entumecidos y tiene la boca seca. En el hueco de su mano, toma un poco de agua de un cubo inmóvil. Su bello rostro está muy oscuro, casi negro, por todo el calor del sol. Sus ojos miran la extensión de los campos rojos, donde ahora no hay nadie. Los bueyes se detienen en su camino circular. Las grandes ruedas de madera ya no giran, pero crujen y rechinan y la larga correa de cuero vibra todavía.
Sin prisa, Juba deshace los nudos de los bueyes, separa la pesada viga de madera. La noche avanza al otro lado de la tierra, río arriba. Cerca de las casas, los fuegos de brasas están encendidos y las mujeres están paradas frente a los braseros.
«¡Ju-uuu-baa! ¡Ju-uuu-baa!»
Es la misma voz que llama, aguda y musical, en alguna parte al otro lado de los campos desiertos. Juba se da la vuelta y mira por un instante, luego desciende el montículo de piedras guiando a los bueyes por la correa. Cuando llega al pie del montículo, Juba anuda las trabas a los jarretes de los bueyes. El silencio en el valle del río es inmenso, ha cubierto la tierra y el cielo como un agua calma donde no se mueve ni una ola. Es el silencio de las piedras.
Juba mira a su alrededor, largo rato, escucha el ruido de la respiración de los bueyes. El agua ha dejado de fluir por la acequia, la tierra bebe las últimas gotas, en las fisuras de los surcos. La sombra gris ha cubierto la ciudad blanca de los templos livianos, las murallas, los jardines de palmeras. ¿Queda, quizás, en alguna parte, un monumento en forma de tumba, una cúpula de piedras partidas, donde crecen las hierbas y los arbustos, no lejos del mar? Tal vez mañana, cuando las grandes ruedas comiencen de nuevo a girar, cuando los bueyes vuelvan a empezar, lentamente resoplando, por su camino circular, tal vez entonces la ciudad aparezca nuevamente, muy blanca, temblorosa e irreal como los reflejos del sol. Juba gira un poco sobre sí mismo, mira solamente la extensión de los campos que descansan de la luz bañadas por el vapor del río. Luego, se aleja, avanza rápidamente por el camino, hacia las casas donde esperan los vivos.
4. O artigo completo de Arundhati Roy, La endeble luz de la democracia, en septiembre pasado, durante el Festival de Literatura de Berlín.
posted by luis Quinta-feira, Fevereiro 04, 2010
Quem não viu não está bem a ver como foi, a meia final e a final.
A KIA parece ser o maior patrocinador deste australian open, e enquanto olhava para aquelas iniciais e jogava com as palavras... killed in action, já alguém mas havia soletrado, há uns meses.
Tsonga deve recordar esta pouco mais do que hora e meia de jogo muito bem guardada, defrontou um génio que, hoje, foi, mais uma vez, avassalador.
Dizer que há dois dias atrás [antes do jogo com Tsonga] Federer foi ao Mats não sei mais o quê e disse que o ténis hoje está diferente, que os jogadores são cada vez mais altos, servem com muita força, e que há jogadores que conseguem devolver quase todas as bolas, paredes portanto. Federer fala assim de mudança.
Federer.
- Onde ides, D. Isabel, madrugais hoje senhora?
[...]
- São rosas, senhor, são rosas.
Murray começa por desafiar Federer e depois não aguenta o maxilar nem o joelho nem o músculo da barriga da perna nem aquela direita.
É como aquele caso da final dos oitenta metros nos jogos desportivos de fim de período no décimo ano de escolaridade: ias com mais dois lado a lado na frente até te estatelares e romperes os joelhos no alcatrão com areia.
Federer foi tão soberano como o havia sido com Tsonga, que foi passado a ferro.
Com Murray Federer também só mudou de t-shirt para ir receber o troféu. Blue on blue.
A Murray só lhe faltou um pouco para, também, ser cilindrado, ainda que psicologicamente o tenha sido. Federer é uma lenda viva, sem opositor.
posted by luis Quinta-feira, Fevereiro 04, 2010
Quarta-feira, Fevereiro 03, 2010
Jornal Público, Segunda-feira, 1 de Fevereiro de 2010, P2, página 8:
- Inédito de Bolaño terá a primeira tradução mundial em Portugal
Repetição:
- Inédito de Bolaño terá a primeira tradução mundial em Portugal
Ficamos a saber que o lançamento mundial vai acontecer na Póvoa de Varzim (oh, poveirinha, oh, póvoa de varzim), entre 24 e 27 de Fevereiro. E logo a seguir a esta data diz assim: "O livro só sairá no dia 4 de Fevereiro em Espanha, editado pela Anagrama, e a Quetzal será a primeira editora no mundo a lançar a tradução."
Repetição:
E logo a seguir a esta data diz assim: "O livro só sairá no dia 4 de Fevereiro em Espanha, editado pela Anagrama, e a Quetzal será a primeira editora no mundo a lançar a tradução."
Adiante no texto: "O próprio Roberto Bolaño era fã de jogos de estratégia e de guerra, segundo um artigo que saiu no diário espanhol El Mundo, em que se diz que sabia tanto de Segunda Guerra Mundial como de literatura latino-americana."
O pequeno e ridículo texto de onde foram tirados estes excertos é muito mau, e ainda é mais mau por sair no jornal público. Claro que os critérios seguidos pelo The New York Times são os critérios seguidos pelo The New York Times. É a vida.
A mim, o diário El Mundo deu-me o primeiro capítulo de El Tercer Reich e sem ser em primeira tradução mundial, nem num dos shoppings maiores do mundo, nem numa das livrarias que tem as maiores escadarias de sei lá o quê para se lerem excertos de livros, aqui fica ele que só sairá em Espanha no dia 4 de Fevereiro. Retiveram aquele só...? Eh, eh, eh.
Lamento muito pelo jornal público.El Tercer Reich, de Roberto Bolaño
20 de agosto
Por la ventana entra el rumor del mar mezclado con las risas de los últimos noctámbulos, un ruido que tal vez sea el de los camareros recogiendo las mesas de la terraza, de vez en cuando un coche que circula con lentitud por el Paseo Marítimo y zumbidos apagados e inidentificables que provienen de las otras habitaciones del hotel. Ingeborg duerme; su rostro semeja el de un ángel al que nada turba el sueño; sobre el velador hay un vaso de leche que no ha probado y que ahora debe estar caliente, y junto a su almohada, a medias cubierto por la sábana, un libro del investigador Florian Linden del que apenas ha leído un par de páginas antes de caer dormida. A mí me sucede todo lo contrario: el calor y el cansancio me quitan el sueño. Generalmente duermo bien, entre siete y ocho horas diarias, aunque muy raras veces me acuesto cansado. Por las mañanas despierto fresco como una lechuga y con una energía que no decae al cabo de ocho o diez horas de actividad. Que yo recuerde, así ha sido siempre; es parte de mi naturaleza. Nadie me lo ha inculcado, simplemente soy así y con esto no quiero sugerir que sea mejor o peor que otros; la misma Ingeborg, por ejemplo, que los sábados y domingos no se levanta hasta pasado el mediodía y durante la semana sólo una segunda taza de café –y un cigarrillo– consiguen despertarla del todo y empujarla hacia el trabajo. Esta noche, sin embargo, el cansancio y el calor me quitan el sueño. También, la voluntad de escribir, de consignar los acontecimientos del día, me impide meterme en la cama y apagar la luz.
El viaje transcurrió sin ningún percance digno de mención. Nos detuvimos en Estrasburgo, una bonita ciudad, aunque yo ya la conocía. Comimos en una especie de supermercado en el borde de la autopista. En la frontera, al contrario de lo que nos habían advertido, no tuvimos que hacer cola ni esperar más de diez minutos para pasar al otro lado. Todo fue rápido y de manera eficiente. A partir de entonces conduje yo pues Ingeborg no confía mucho en los automovilistas nativos, creo que debido a una mala experiencia en una carretera española, hace años, cuando aún era una niña y venía de vacaciones con sus padres. Además, como es natural, estaba cansada.
En la recepción del hotel nos atendió una chica muy joven, que se desenvuelve bastante bien con el alemán, y no hubo ningún problema para encontrar nuestras reservas. Todo estaba en orden y cuando ya subíamos divisé en el comedor a Frau Else; la reconocí de inmediato. Arreglaba una mesa mientras le indicaba algo a un camarero que, a su lado, sostenía una bandeja llena de botellines de sal. Iba vestida con un traje verde y en el pecho llevaba enganchada la chapa metálica con el emblema del hotel.
Los años apenas la habían tocado.
La visión de Frau Else me hizo evocar los días de mi adolescencia con sus horas sombrías y sus horas luminosas; mis padres y mi hermano desayunando en la terraza del hotel, la música que a las siete de la tarde comenzaban a esparcir por la planta baja los altavoces del restaurante, las risas sin sentido de los camareros y las partidas que se organizaban entre muchachos de mi edad para salir a nadar de noche o ir a las discotecas. ¿En aquella época cuál era mi canción favorita? Cada verano había una nueva, en algo semejante a la del año anterior, tarareada y silbada hasta la saciedad y con la que solían cerrar la jornada todas las discotecas del pueblo. Mi hermano, que siempre ha sido exigente en lo musical, seleccionaba con esmero, antes de comenzar las vacaciones, las cintas que habrían de acompañarlo; yo, por el contrario, prefería que fuese el azar quien pusiese en mis oídos una melodía nueva, inevitablemente la canción del verano. Me bastaba con escucharla dos o tres veces, por pura casualidad, para que sus notas me siguieran a través de los días soleados y de las nuevas amistades que iban festoneando nuestras vacaciones. Amistades efímeras, vistas desde mi óptica actual, concebidas sólo para ahuyentar la más mínima sospecha de aburrimiento. De todos aquellos rostros apenas unos cuantos perduran en mi memoria. En primer lugar, Frau Else, cuya simpatía me conquistó desde el primer instante, lo que me valió ser el blanco de las bromas y chirigotas de mis padres, quienes incluso llegaron a burlarse de mí en presencia de la mismísima Frau Else y de su marido, un español cuyo nombre no recuerdo, haciendo alusiones acerca de unos pretendidos celos y de la precocidad de los jóvenes, que consiguieron ruborizarme hasta las uñas y que en Frau Else despertaron un tierno sentimiento de camaradería. A partir de entonces creí ver en su trato conmigo un calor mayor que el dispensado al resto de mi familia. También, pero en un nivel distinto, José (¿se llamaba así?), un chico de mi edad que trabajaba en el hotel y que nos llevó, a mi hermano y a mí, a lugares que sin él no hubiéramos pisado nunca. Cuando nos despedimos, tal vez adivinando que el próximo verano no lo pasaríamos en el Del Mar, mi hermano le regaló un par de cintas de rock y yo mis viejos pantalones vaqueros. Diez años han pasado y aún recuerdo las lágrimas que de pronto se le saltaron a José, con el pantalón doblado en una mano y las cintas en la otra, sin saber qué hacer o decir, murmurando en un inglés del que mi hermano constantemente se burlaba: adiós, queridos amigos, adiós, queridos amigos, etcétera, mientras nosotros le decíamos en español –idioma que hablábamos con cierta fluidez, no en balde nuestros padres llevaban años pasando sus vacaciones en España– que no se preocupara, que el próximo verano volveríamos a estar juntos como los Tres Mosqueteros, que dejara de llorar. Recibimos dos postales de José. Yo contesté, a mi nombre y de mi hermano, la primera. Luego lo olvidamos y de él nunca más se supo. Hubo también un muchacho de Heilbronn llamado Erich, el mejor nadador de la temporada, y una tal Charlotte que prefería tomar el sol conmigo aunque mi hermano estaba loco de remate por ella. Caso aparte es la pobre tía Giselle, la hermana menor de mi madre, que nos acompañó durante el penúltimo verano que pasamos en el Del Mar. Tía Giselle amaba por encima de todo el toreo y su voracidad por esta clase de espectáculo no tenía límites. Imborrable recuerdo: mi hermano conduciendo el coche de mi padre con entera libertad, yo, a su lado, fumando sin que nadie me dijera nada, y tía Giselle en el asiento trasero contemplando embelesada los acantilados cubiertos de espuma bajo la carretera y el color verde oscuro del mar, con una sonrisa de satisfacción en sus labios tan pálidos, y tres pósters, tres tesoros, en su regazo, que daban fe de que ella, mi hermano y yo habíamos alternado con grandes figuras del toreo en la Plaza de Toros de Barcelona. Mis padres, ciertamente, desaprobaban muchas de las ocupaciones a las que tía Giselle se entregaba con tanto fervor, al igual que no les resultaba grata la libertad que ella nos concedía, excesiva para unos niños, según su manera de ver las cosas, aunque yo por entonces rondaba los catorce. Por otra parte siempre he sospechado que éramos nosotros quienes cuidábamos de tía Giselle, tarea que mi madre nos imponía sin que nadie se diera cuenta, de forma sutil y llena de aprensiones. Sea como fuere, tía Giselle sólo estuvo con nosotros un verano, el anterior al último que pasamos en el Del Mar.
Poco más es lo que recuerdo. No he olvidado las risas en las mesas de la terraza, los supertanques de cerveza que se vaciaban ante mi mirada de asombro, los camareros sudorosos y oscuros agazapados en un rincón de la barra conversando en voz baja. Imágenes sueltas. La sonrisa feliz y los repetidos gestos de asentimiento de mi padre, un taller donde alquilaban bicicletas, la playa a las nueve y media de la noche, aún con una tenue luz solar. La habitación que entonces ocupábamos era distinta a esta que ocupamos ahora; no sé si mejor o peor, distinta, en un piso más bajo, y más grande, suficiente para que cupieran cuatro camas, y con un balcón amplio, de cara al mar, en donde mis padres solían instalarse por las tardes, después de comer, a jugar infinitas partidas de naipes. No estoy seguro de si teníamos baño privado o no. Probablemente algunos veranos sí y otros no. Nuestra habitación actual sí que tiene baño propio, y además un bonito y espacioso closet, y una enorme cama de matrimonio, y alfombras, y una mesa de hierro y mármol en el balcón, y un doble juego de cortinas, unas interiores de tela verde muy fina al tacto y otras exteriores, de madera pintada de blanco, muy modernas, y luces directas e indirectas, y unas bien disimuladas bocinas que con sólo apretar un botón transmiten música en frecuencia modulada... No cabe duda, el Del Mar ha progresado. La competencia, a juzgar por el rápido vistazo que pude dar desde el coche mientras enfilábamos el Paseo Marítimo, tampoco ha quedado rezagada. Hay hoteles que no recordaba y los edificios de apartamentos han crecido en los antiguos descampados. Pero todo esto son especulaciones. Mañana procuraré hablar con Frau Else y saldré a dar una vuelta por el pueblo.
¿También yo he progresado? Por supuesto: antes no conocía a Ingeborg y ahora estoy con ella; mis amistades son más interesantes y profundas, por ejemplo Conrad, que es como otro hermano para mí y que leerá estas páginas; sé lo que quiero y tengo una perspectiva mayor; soy económicamente independiente; al revés de lo que habitualmente sucedía en los años de adolescencia hoy jamás me aburro. Sobre la falta de aburrimiento Conrad dice que es la prueba de oro de la salud. Mi salud, según esto, debe ser excelente. Sin pecar de exagerado creo que estoy en el mejor momento de mi vida.
En gran medida la responsable de esta situación es Ingeborg. Encontrarla es lo mejor que me ha sucedido. Su dulzura, su gracia, la suavidad con que me mira hacen que lo demás, mis esfuerzos cotidianos y las zancadillas que me ponen los envidiosos, adquieran otra proporción, la justa proporción que me permite enfrentarme con los hechos y vencerlos. ¿En qué terminará nuestra relación? Lo digo porque las relaciones entre parejas jóvenes son hoy tan frágiles. No quiero pensarlo mucho. Prefiero la amabilidad; quererla y cuidarla. Por cierto, si acabamos casándonos, tanto mejor. Una vida entera al lado de Ingeborg, ¿podría pedir, en el plano sentimental, algo más?
El tiempo lo dirá. Por ahora su amor es... Pero no hagamos poesía. Estos días de vacaciones serán también días de trabajo. He de pedir a Frau Else una mesa más grande, o dos mesas pequeñas, para desplegar los tableros. Tan sólo de pensar en las posibilidades que ofrece mi nueva apertura y en los diferentes desarrollos alternativos que se pueden seguir me entran ganas de desplegar el juego ahora mismo y ponerme a verificarlo. Pero no lo haré. Sólo tengo cuerda para escribir un rato más; el viaje ha sido largo y ayer apenas dormí, en parte porque era la primera vez que Ingeborg y yo iniciaríamos unas vacaciones juntos y en parte porque volvería a pisar el Del Mar después de diez años de ausencia.
Mañana desayunaremos en la terraza. ¿A qué hora? Supongo que Ingeborg se levantará tarde. ¿Había un horario fijo para los desayunos? No lo recuerdo; creo que no; en cualquier caso también podemos desayunar en un café del interior del pueblo, un viejo local que siempre estaba lleno de pescadores y turistas. Con mis padres solíamos hacer todas las comidas en el Del Mar y en ese café. ¿Lo habrán cerrado? En diez años ocurren muchas cosas. Espero que aún esté abierto.
posted by luis Quarta-feira, Fevereiro 03, 2010
Terça-feira, Fevereiro 02, 2010
.
The Laughing Heart by Charles Bukowski
your life is your life
don’t let it be clubbed into dank submission.
be on the watch.
there are ways out.
there is a light somewhere.
it may not be much light but
it beats the darkness.
be on the watch.
the gods will offer you chances.
know them.
take them.
you can’t beat death but
you can beat death in life, sometimes.
and the more often you learn to do it,
the more light there will be.
your life is your life.
know it while you have it.
you are marvelous
the gods wait to delight
in you.
Charles Bukowski
Por falar em Bukowski, Barfly anda por aí, o Script fica aqui.
posted by luis Terça-feira, Fevereiro 02, 2010
Segunda-feira, Fevereiro 01, 2010
meia dúzia de fotografias, ou mais, ou menos, tiradas em 2009
e
que os autores não se importaram que elas fossem mostradas aqui (2)
VRD, sem título, Finlândia, 2009
posted by luis Segunda-feira, Fevereiro 01, 2010
Sexta-feira, Janeiro 29, 2010
I want to let go of...
the fear that God has abandoned us all...
Eleni, Athens, GreeceI want to let go of...
my stereotypes of people
VonetteI want to let go of...
the fear of not being loved and accepted
T, thomasville, gaI want to let go of...
betrayals
feeling unloveable, unworthy
Jeanna,I want to let go of...
what happens to me... and focus on..
what happened to HIM...
Melanie, HawaiiI want to let go of...
fear
Kirsten, venice
Audrey Burke: Why wasn't it you, Jerry? Why wasn't it you?I want to let go of...
Past pain...
Scott, BrooklynI want to let go of...
loving someone that will never love me
as much as i love him
Olivia, New MexicoI want to let go of...
memoris,fears, sadnes...
Alexandra, BrasovI want to let go of...
my inability to let people in
Daniels, AZI want to let go of...
All my hanger towards the people who have hurt me...
Samantha Carson,I want to let go of...
the fear of failure
Dawn, California, USAI want to let go of...
a dysfunctional marriage
Dawn, California, USAI want to let go of...
my hanger towards God for taking so
many of my lovedones away from me
Keilon, Washington, DCI want to let go of...
My need to know if love will turn out the
way i hope it will
Denise, SeattleI want to let go of...
the fact that i may never know my
father
Tish, West Palm Beach, FLI want to let go of...
The belief that i will fail
Kim, CopenhagenI want to let go of...
the guilt of knowing that if only if i
hadn`t let him, he would still be alive
Mel, London
Citações de 100 caracteres cortadas do site de um dos bons... não, de um filme muito bom do ano 2007, whatever is holding you back, let go of it today, sobre o qual pouco se falou/ouviu/comentou. Comprei-o um destes dias a menos de dois bilhetes de cinema, sei, sei, onde também o vi.
A realizadora é dinamarquesa, Susanne Bier; o My Blueberry Nights também é de 2007.
Tudo o que perdemos no fogo, Things we lost in the fire.
posted by luis Sexta-feira, Janeiro 29, 2010
Quinta-feira, Janeiro 28, 2010
.News Alert: 'Catcher in the Rye' author J.D. Salinger dies 01:08 PM EST Thursday, January 28, 2010
Salinger's son, in a statement from the author's literary representative, says the 91-year-old died of natural causes at his small, remote house in New Hampshire.
(newsletters@email.washingtonpost.com)
posted by luis Quinta-feira, Janeiro 28, 2010
.
"Colecção: Documenta Poetica
Ano de edição: 2010 / Tema, classificação: Poesia
Formato e acabamento: 14,5 x 20,5 cm, edição brochada
N.º de páginas: 96
Entre 1803 e 1805, ao que tudo indica e tanto quanto é possível determinar aproximadamente uma data, Friedrich Hölderlin traduziu e intitulou nove fragmentos de Píndaro, juntando a cada uma das peças um comentário em prosa.
Estes textos, conhecidos como os Fragmentos de Píndaro—em algumas edições designados também por «comentários» ou «anotações»—são considerados não apenas como o último trabalho do longo percurso de Hölderlin como tradutor, masmuitas vezes também como a sua última «obra», intencional ou sistemática, antes do início do segundo período da sua vida em Tübingen, que se estende de 1806 a 1843.
Pela concisão cortante da sua forma e pela força da reflexão lapidar que contêm, os Fragmentos de Píndaro constituem um objecto insólito e propriamente inclassificável no conjunto de tudo o que Hölderlin escreveu. Mas representam também um ponto culminante no seu confronto com a questão obsessiva e fundamental da relação do poeta moderno com a sombra, tão insuperável quanto incontornável, da Antiguidade.
Texto: Paulo Pires do Vale
Colecção: Arte e Produção
Ano de edição: 2010 / Tema, classificação: Arte Contemporânea
Formato e acabamento: 16 x 23,5 cm, edição brochada
N.º de páginas: 112 pp.
Debret é o resultado de uma interpretação da relação social entre brancos e negros, portugueses e africanos, senhores e escravos no Brasil do século XIX.
Esta interpretação parte da obra do pintor Jean-Baptiste Debret, artista francês, que chegou ao Brasil juntamente com a missão francesa a convite do Príncipe Regente D. João VI, no início do século XIX e demonstrou a sua paixão pelo Brasil através de pinturas, aguarelas, desenhos e gravuras, permitindo deste modo elaborar uma visão histórica, política, cultural e social do Brasil dessa época.
A interpretação resulta em 15 esculturas. Cada uma destas resulta da combinação de quatro elementos distintos: mesas, ovos, figuras e citações do Padre António Vieira. As figuras retratam acções entre brancos e negros reveladoras da relação sexual e social dos mesmos. A inserção destas figuras em ovos (de modo paralelo ao que acontece nos ovos de Fabergé) deslumbra uma face mecânica, imperialista e despótica de onde, também, resultou a criação de uma nova raça (mulata). A associação de tudo isto com as citações do Padre António Vieira (escritas nas mesas) leva-nos a uma releitura que se insere num discurso pós-colonialista, período em que vivemos actualmente."
posted by luis Quinta-feira, Janeiro 28, 2010
Quarta-feira, Janeiro 27, 2010
London Calling
London Eye (3)
Anish Kapoor, Ishi's Light, 2003
"A traumatised image of man emerged, perhaps most famously in the paintings of Francis Bacon, whose figures are characteristically enclosed and isolated. Though he resisted the abstraction of many contemporary artists, Bacon’s expressive handling of paint, allowance for chance elements, and use of imagery from photographs made him an important figure in the post-war reinvention of painting.
A visceral sense of enclosure is equally pivotal to Anish Kapoor’s sculptural installation Ishi’s Light (2003). Peering into the dark interior, visitors become part of a column of light generated at its centre. Kapoor’s work generates an immersive experience which elicits powerful physical and psychological responses."
posted by luis Quarta-feira, Janeiro 27, 2010
Djokovic
Com o coliseu, Porto, assim só no dia 27 de Fevereiro de 1990, no concerto dos Sisters of Mercy. Kusturica and No Smoking Orchestra começam com a Internacional e aquele tom/ som surpreende quase todos, o tempo.
Djokovic e os seus familiares, amigos e apoiantes têm uma maneira muito a leste de dizerem e reagirem e o mostrarem, foi ainda há poucos dias. Que seja como se fosse já há muitos, a Coreia do norte e aquelas fatiotas já são demasiado.
Kusturica e a sua banda colocaram o coliseu naquela catarse festiva, de desafio, de provocação de passagem do tempo a muitos à hora. Ora acertavam aqui, ora desafinavam ali, mas a festa é que contava. Transpirava-se.
Djokovic andou quase os dois primeiros sets aturdido pela excelência, pela frescura, pela atonalidade e pela energia contagiante de Tsonga. Quase até a um amortie, já lá vamos.
Quando o deixaram, Djokovic afinou o violino/raqueta/arma e ritmou o jogo do francês, ganhou o segundo set em tiebreak e o terceiro quase não existiu, 6-1.
No quarto set vimo-lo massajar o estômago, a sentir-se mal e a pedir para ir aos balneários. Já lá foi a perder por 2-0. Quando regressou vinha com os olhos esforçados, molhados, cansados. Levou com um 3-6.
O drama até pode ser recorrente mas não há nenhum no circuito como o de Dementieva, bem lá da Rússia.
Não mais conseguiu reagir ao poderio de Tsonga que ganhou o 4 e o 5 sets sem dar qualquer hipóteses.
Tsonga
Parece a selecção brasileira de futebol de 1982.
Mas... precisa de rever Godard e o seu treinador também, ou muda já. Nem que seja um excerto das Histoire(s) du cinema, e ver as vezes que forem precisas que o seu amortie, hoje, não funcionou e estava até a ser suicidário, como muitas outras vezes, só funcionou quando ja tinha o encontro ganho.
Por causa dele perdeu o segundo set, tolo, ali para quê?, e o terceiro, pois não recuperou da decepção do segundo e foi cilindrado no terceiro, 1-6.
Ver Godard.
Repetição: Por causa dele perdeu o segundo set, tolo, ali para quê?, e o terceiro, pois não recuperou da decepção do segundo e foi cilindrado no terceiro, 1-6.
Ver Godard.
Ganhou o primeiro set por 7-6, estava melhor e Djokovic não estava a perceber o que lhe estava a acontecer, o que é estranho, o jogo de Tsonga pode ser quase sempre diferente, nunca se sabe o que vai fazer, como se estivesse num glissando de variações constante.
Quando o sérvio se queixou da barriga e saiu vimos o francês a comer de forma ávida barras energéticas e depois foi um ver se te avias, não havia nada a fazer.
Alguém que lhe mostre o jogo do Brasil-Itália de 82; e se quiser continuar assim, cá para mim, que estou a alinhavar estas linhas, maravilha, mas vai perder mais vezes, quando importa mesmo, do que as que vai ganhar.
No fundo, é o que nos acontece a todos.
Fly to Melbourn with...
posted by luis Quarta-feira, Janeiro 27, 2010
Terça-feira, Janeiro 26, 2010
Como não consegui arranjar o útimo ípsilon do ano e como só agora dei com os olhos no texto que Alexandra Lucas Coelho, O espelho de Hipátia, escreveu sobre o Ágora, de Alejandro Amenábar, destacar só este excerto de Bolaño: os detectives selvagens, página 494.
"29 de Janeiro
Encontrámos isto: uma professora ainda no activo conta-nos que conhecera Cesárea. Fora em 1936, e a nossa interlocutora tinha então vinte anos. Ela acabava de ocupar o lugar, e Cesárea trabalhava havia poucos meses na escola, pelo que fora natural que se tornassem amigas. Não sabia a história do toureiro Avellaneda, nem a história de nenhum outro homem. Quando Cesárea deixara o trabalho, a ela custara-lhe a compreender, mas aceitara-o como uma das peculiaridades que distinguiam a sua amiga.
[...]
Na época em que Cesárea trabalhava na fábrica de conservas, quando se encontravam no centro de Santa Teresa para ir ao cinema, ou para que a acompanhasse às compras, quando chegava tarde aos encontros costumava encontrá-la a escrever num caderno de capa preta, como o anterior, mas de formato mais pequeno, um caderno que parecia um missal, e onde a letra da sua amiga, de caracteres diminutos, deslizava com um enxame de insectos. Nunca lhe lera nada. Uma vez perguntara-lhe sobre o que escrevia, e Cesárea respondera-lhe que sobre uma grega. O nome da grega era Hipatia. Tempos depois procurara numa enciclopédia, e soubera que Hipatia era uma filósofa de Alexandria morta pelos cristãos no ano de 415. Pensara, talvez impulsivamente, que Cesárea se identificava com Hipatia. Não lhe perguntara nada mais, ou, se lhe perguntara, já se tinha esquecido."
posted by luis Terça-feira, Janeiro 26, 2010
Ora, 11-19h30=08h30m.
Sabia que a partir daquela hora da manhã, daquele dia, que não tinha de se levantar, ia despertar, naturalmente. Moleskine pronto.
1º set:
Logo nos primeiros momentos do jogo Murray, qual poeta romancista futebolista basquetebolista, esconde muito bem a decisão de uma pancada até ao último último momento e Nadal que contava com a bola para um lado a viu passar por outro lado, espectador como nós.
Logo a seguir, estava 1-1, Nadal pede para visionar a decisão de um dos árbitros. Nesta altura do jogo, o que procura Nadal? Precipitou-se ou, muito hispânicamente, quer pôr em sentido o árbitro britânico? Esta nota é ela própria hispânica.
Quebram os serviços mutuamente nos segundos pontos.
Murray está a crescer e a asfixiar Nadal, como bem diz um dos comentadores do jogo no eurosport... até ao 5-2.
Murray deve ter visto o Suiça-Portugal ou o Angola-Mali e... ia-se dando mal. Relaxar tendo como adversário Nadal? Ia-se dando mal, 6-3, não parece mas ia, dentro do jogo é outra coisa.
Fly to Melbourn with...
[pequeno almoço, chã pão fresquinho compotas caseiras sumo de laranjas caseiras]
2º Set:
Ao 3-2 para Nadal, quebrando o serviço ao escocês, fogo de artifício, Australia day. Os comentadores dizem que o encontro se vai decidir em pequenos pormenores e por isso os dez minutos de luzes extraordinárias no skyline do eurosport ia ser uma das provas. Os comentadores do eurosport falam sempre muito e apressadamente, a não ser o do atletismo. Vamos ver, mas os dados do jogo não dizem isso ou, variando, é quase sempre em pormenores mais espessos.
Murray recupera, o set tem pontos maravilhosos, aquele lob, mas mostra também que a sorte, ou pequenos incidentes (bola na parte superior da tela a passar para o lado do espanhol e outra que cai a milímetros de uma das linhas defendidas pelo escocês), está do lado de Andy.
Todavia, Murray está mais forte, mais confiante, mais dominador, melhor. 7-6 com 7-2 para Murray.
2-0.
Fly to Melbourn with...
3º Set:
1-0 para Murray. 15 x 15 no segundo jogo, Nadal interrompe e pede ao árbitro de cadeira o fisioterapeuta, ouve-se alguém gritar. Está mau, diz Nadal, desanimadíssimo e inconsolável. Samuel Úria: Não sou eu que sou baladeiro/ Vocês é que têm mel nos ouvidos/ Às vezes eu chego ensanguentado/ E elogiam-me o padrão dos vestidos.
Depois da massagem, 2-0 e 3-0. Murray dirige-se à cadeira para descanso e alimentação e Nadal diz-lhe que não consegue continuar, abraçam-se e termina o jogo.
Jim Courier, no fim e como entrevistador, estava chato.
Nunca vi Murray jogar tanto.
Fly to Melbourn with...
Nota à parte, também ela tipicamente hispânica:
- as editoras espanholas deviam traduzir para espanhol a Ilíada, Homero, da Cotovia, traduzida por Frederico Lourenço; tenho para aqui alguns recortes de uns jornais espanhóis de quando Nadal chegou a número um a dizer que ele era inumano e coisas assim. Nadal não merecia aquele chauvinismo todo quando o próprio demonstrava/demonstra uma humildade absolutamente notável.
Quando se lêem os jornais espanhóis fica-se com a noção que em qualquer lado onde houver um espanhol a haver sucesso é quase todo motivado por ele, quase sempre exclusivamente. Espanha. Espanha.
posted by luis Terça-feira, Janeiro 26, 2010
Segunda-feira, Janeiro 25, 2010
posted by luis Segunda-feira, Janeiro 25, 2010
Sexta-feira, Janeiro 22, 2010
1. Na primeira vez que o primeiro ministro de Portugal foi à Assembleia da República no ano da graça de 2010 para um debate com os deputados a dado passo:
Manuela Ferriera Leite dirigindo-se a ele no meio de uma qualquer apreciação diz: "você é o poder".
O primeiro ministro nada diz durante todo o debate sobre esta afirmação.
Mais à frente no tempo, 10, 15 minutos depois, Paulo Portas faz umas apreciações quaisquer e diz-lhe que "você isto, você é o responsável..."
O primeiro ministro diz a seguir, na sua resposta, a Paulo Portas que não acha bem ele dirigir-se-lhe a ele assim, "como se eu"...
É, não é? É a vida.
2. Aquela que assina como f num dos blogs mais repugnantes e que há-de ficar conhecido como um dos mais vergonhosos da blogosfera portuguesa (dizem-me, admirados, que já gerou um deputado: e? digo, e eles: e? sim, não está mais do que certo, muito certo?), a mesma f que um dia queria entrevistar e fotografar um arrumador de carros ali para o Marquês, escreve neste post, ou melhor: num comentário resposta, o seguinte:
"mto diferente saber q é preciso distinguir os good guys d viver num mundo a preto e branco, carlos. se calhar tem de sair da espuma para ver esta."
Retiveram o "se calhar tem de sair da espuma para ver esta"?
Já não é a primeira vez que f. revela a mesma jactância; passe lá da espuma, ó mulher, e guie-nos, guie-nos, quiçá, até à FLAD.
O autor da frase que ela cita ("«não muito diferente afinal esta estrada da nossa: tudo depende de sermos capazes de continuar a ser the good guys e de conseguirmos perceber quem o é. e sobreviver aos enganos. »"), responde-lhe assim: "Já agora: o que quis dizer com «se calhar tem de sair da espuma para ver esta»? Desconheço a expressão.
Quer dizer: ocorre-me 'A Espuma dos Dias', do Vian, mas neste contexto... Em todo o caso, ignore a minha questão, sff - fica para eu, quando tiver tempo, meditar."
Ela responde: "carlos, s fosse fácil distinguir os good guys ou, na metáfora do filme, os que transportam o fogo no coração, o post -- e o livro, e o filme -- não faria sentido. flei da espuma porq m pareceu q estava a fazer uma interpretação muito limitada da ideia de 'good guys'. eu estava, desculpe a grandiloquência, a falar d alma -- o tal fogo. um bocadinho mais fundo -- ou acima -- digamos, q a ideia d um universo a preto e branco."
Não? Profundidade.
Pro-fun-di-da-de.
Vejam onde é que ela consegue chegar, e a gritar.
Páre, por favor, páre.
3. Um dia, quase há meio ano, ouvi Marcelo Rebelo de Sousa dizer que também ele tinha feito uma incursão por uma das lojas maçónicas cá da república, já tinha saído, foi só para ver como é que era; dizia que dali não havia grande perigo, dando a entender que se reuniam para brincar, presumo que com legos. Marcelo queria que no PSD o quê?
4. Ao director de informação da rtp como à erc e também a muitos indivíduos que exercem o cargo de jornalistas é melhor pararem de cavar pois, enfim, o fosso já é de todo o tamanho e para virem para cima outra vez vai ser um problema.
Há vates e vates.
5. Entro no carro e ligo o rádio, levo logo com um fórum no diafragma, fogo!
A voz de um homem aí de meia idade a dizer que os anos que já viveu o levam a não acreditar no ser humano, e diz que vai exemplificar, dois pontos
certo dia foi a um hospital público onde uma enfermeira se recusou a fazer-lhe um penso...
- Desculpe sr. ... mas o assunto de hoje no forum não é dedicado a qualquer assunto de saúde, é, isso sim, sobre leis, legislar, o futuro de Portugal em leis. Vamos já ouvir o ouvinte seguinte, o Sr. Antunes, que está em viagem e nos está a ligar de cima de uma das rotundas deste país.
6. Mais uma vez os canais portugueses de notícias, 24 sobre 24 horas, da televisão por cabo na madrugada em que a BBC, a CNN e a Skynews, pelo menos, já davam a notícia do terramoto no Haiti, por cá mostravam e diziam não sei o quê. Estes canais assim vocacionados existem para quê? São os primeiros a dizerem que não têm qualquer relevância e a dizerem que somos mesmo os últimos para aqui encostados junto ao mar.
Por serem duas ou três da manhã? Gimme a break.
7. Miguel Esteves Cardoso, era só para lhe dizer que também reparei que na pública do último domingo houve alguém que se referiu à roupa que wes anderson anda a vestir; o público tem destas páginas cor-de-rosa, enfim. O que se passará naquelas cabecinhas?
8. Ande-se o que se andar e leia-se o que se quiser hão-de haver ainda e sempre títulos como o que o le monde escreveu a semana passada noticiando a morte de Rohmer, Mort d'Eric Rohmer, légende du cinéma français.
Pedro Lomba que surpreendemente passou a cronista do jornal público assim de um dia para o outro sem dizer nada a maior parte das vezes revelando antes no que escreve uma ausência de reflexão surpreendemente surpreendeu porque como que se inflingiu um upgrade de tudo aquilo que anteriormente disse em tom menos simpático.
Até esta semana onde caiu também ele no particularismo de acreditar que no tempo longo há sempre alguém que pode ser considerado o bode expiatório de qualquer coisa e então há que lhe apontar o dedo, ficando os outros quatro a olhar para ele. Neste caso referia-se a homens/mulheres que foram/são professores e que tiveram/têm de governar.
O Pedro Lombra deve ter tirado Direito, quase de certeza. E o upgrade?
posted by luis Sexta-feira, Janeiro 22, 2010
Quinta-feira, Janeiro 21, 2010
.
Anton Chekhov
"Não podemos falar da história da “New York Review of Books” sem referir David Levine (1926-2009), o genial caricaturista cujos desenhos nos deram, ao longo de muitos anos, excelentes comentários irónicos e lúcidos sobre as mais diversas personalidades do mundo da cultura e da política. Hoje podemos deleitar-nos em www.nybooks.com/gallery/, compreendendo que Levine é, ao lado dos grandes caricaturistas da história dos últimos séculos, como Honoré Daumier (1808-1879), Richard Doyle (1824-1883), Thomas Nast (1840-1902), Leslie Ward (1851-1922) ou a escola alemã do “Simplicissimus”, um criador inconfundível no qual o humor inteligente se junta ao oportuno comentário crítico.
O mundo assemelha-se demasiado a uma marionette nas mãos de alguns bonecreiros” – disse um dia David Levine. E disse mais: “Só a sátira política pode salvar um país do inferno”. Desmentindo os seus detractores, afirmou ainda que “não podia ter ido mais longe, uma vez que não desejava ser demolidor. A caricatura que vai longe de mais avilta o olhar do ser humano”. "
Guilherme d'Oliveira Martins
posted by luis Quinta-feira, Janeiro 21, 2010
Quarta-feira, Janeiro 20, 2010
.
Fotografia de Eduardo Gageiro
"Curiosa forma tem Alberto Vaz da Silva de abeirar-se aqui de Sophia, em evocação intensa, dilectíssima e discreta. «Quem tiver ouvidos para ouvir (...)». A visão inaugural é a de um jardim. Ainda não se fala de livros, nem de versos, mas de uma adolescente num «maravilhoso jardim semi-abandonado e selvagem», deslizando atrás do aroma «profundo, intenso, secreto, veludoso, insondável» que é a alma do mundo e a nossa própria. Quando Sophia, recuperando a memória desse lugar, escrever que «o corpo de Alexandre da Macedónia era, por sua natureza, aromático», certamente re-corda e a-corda. Os jardins são, para a consciência, territórios de origem, patamares, cavidades maternais, propulsores de vertiginosa passagem.
Este é, se quisermos, um livro sobre jardins. Os que nos precedem, os que formam sem sabermos a nossa alma e os seus declives, os que silenciosamente se avistam nas várias formas de grafia, desde aquela que cintila na vastidão silenciosa dos céus (e que também nos pertence), à nossa grafia íntima, feita de arranhões, de registos digitais, de textos, crateras.
A meditação sapiencial e mística leva-nos frequentemente para o interior de jardins. Homero descreve os de Alcíno como uma experiência encantadora: «ali, de pé, se maravilhou o sofredor e divino Ulisses». Virgílio trata-os muito especialmente, pois crê que aí se pode encontrar a felicidade. Ovídio evoca, com deliciado detalhe, os jardins de Flora. Teresa de Ávila escreve: «Nos inícios desta vida de fidelidade que quero contar ( ... ), saboreava a mais viva alegria em representar a minha alma como um jardim». A Bíblia começa e termina com um jardim: o do Éden e esse anónimo onde foi escavado um sepulcro, que será depois encontrado vazio. Nem por acaso, Maria Madalena, primeira testemunha da Ressurreição, confunde Jesus com um jardineiro. Será que confunde? Comenta Yourcenar: «Que melhor nome poderia dar-se àquele que fez crescer tantas sementes na alma humana?».
Existem no idioma hebraico duas formas distintas para nomear árvore: ets e ilan. O primeiro termo é o mais comum na narrativa bíblica, mas o segundo também se encontra, e é, de longe, o preferido pela Cabala. Deriva do aramaico ilana e o seu valor numérico é 91 (lembremos que a cada letra do alfabeto corresponde um número. Neste caso: 1+10+30+50). Ora, se atendermos à dimensão simbólica e espiritual dos números (sim, mesmo as coisas que nos parecem mudas têm uma voz!), árvore (valor 91) tem uma sinonímia com anjo (malakh, também de valor numérico 91). Ao dizer árvore é como se disséssemos anjo. Não nos espantemos da ligação natural do jardim às tipologias sagradas. Como explica Hipólito de Roma, no século III, «do jardim terrestre elevamos os nossos olhares para o jardim celeste».
Um eixo semântico atravessa a poética de Sophia de Mello Breyner Andresen: o do enlace, súbito ou repetidamente buscado, com o «inicial» e o «primeiro». Poema a poema somos remetidos para o «limpo», o «intacto», o «inteiro», o «puro». A poesia é aqui dicção peremptória do original, assombro perante a solenidade com que o visível refulge (ou pode ainda refulgir), justo e sem pregas, susceptível de descoberta. Esse é o seu ethos."
José Tolentino Mendonça in Evocação de Sophia, ed. Assírio & Alvim, 2009.
Guilherme d'Oliveira Martins:
"A poesia deveria ser universalista e por isso, ao lermo-la, encontramos o espírito de aventura e de novidade, que põe a pessoa em primeiro lugar, no sentido do prosopon grego, etimologicamente significativo de máscara teatral, que define a singularidade e a universalidade, aliando o que as une e o que as distingue.
Nesse sentido, a poesia de Sophia é europeia e transcende as fronteiras, bebendo através das raízes grega, mediterrânica e judaico-cristã a força das origens. Sentimos a partilha inspiradora que vem de Homero a Camões, chega a Pessoa, mas continua em Rainer Maria Rilke. E Frederico Lourenço diz-nos que a Grécia de Sophia é “construída pelo olhar dela, uma geografia anímica que tem tanto de Grécia como de Portugal”. E lembra O Búzio de Cós, onde se não ouve “nem o marulho de Cós nem o de Egina / Mas sim o cântico da longa vasta praia / Atlântica e sagrada / Onde para sempre a minha alma foi criada”, afirmando ainda (o tradutor da “Ilíada” e da “Odisseia”), emblematicamente, que “a Homero ela foi buscar a absoluta simplicidade de efeitos no acto de narrar”.
“no fundo da copa havia um desvão onde estava uma grande arca. Essa arca era para nós a caverna do Ali Babá. Lá dentro estavam os fatos de máscaras que os nossos tios e tias tinham usado na sua juventude no bailado da ‘Princesa de Sapatos de Ferro’ e no bailado do ‘Arlequim e Columbina’. Eram fatos maravilhosos, feitos de cetim de todas as cores, desenhados por Almada Negreiros e cortados e cosidos pela Maria Carolina. O meu preferido era o vestido da princesa feito de tiras amarelas e tiras brancas…». E, no outro extremo da cidade, da casa do Campo Grande, lembra: “nas tardes de Verão sentávamo-nos nos degraus da escada em meia-lua que liga a sala grande com o jardim e falávamos sem fim de todas as coisas visíveis e invisíveis do céu e da terra”.
Um dia disse a Jorge de Sena (grande e próximo amigo):“a minha família – pelas sabidas razões políticas – quase não me fala. Os meus amigos de juventude quase me detestam”. Mas também lhe confidencia: “Ser ao mesmo tempo poeta, mulher do D. Quixote e mãe de cinco filhos é uma tripla tarefa bastante esgotante”.
A Grécia entusiasma-a. Mas, confessa ainda a Sena: “não pense que vim da Grécia paganizada. Aliás o paganismo ali não é ‘nada do que se conta’! Voltei sim mais apta a compreender o Evangelho que S. Paulo pregou em frente da Acrópole. Mais apta a compreender toda a vital necessidade de ligação, de religação”.
E Maria Velho da Costa dá-nos um testemunho inesperado e essencial. É a crónica de uma cumplicidade, plena de pequenos episódios, em momentos diferentes. É Sophia rediviva. Lembrança de uma rapariguinha impraticável – “uma rapariga de setenta anos, capaz de ser vaidosa e frívola; e grandiosa como um mistério do mais abscôndito Deus, o inominável”. E inesperadamente ouvimos: “- Vamos à Baixa comer scones Marie?”. Maria Velho da Costa usa todo o seu talento, toda a sua força, para nos falar apenas de Sophia. “Nós divertíamo-nos como velhas meninas loucas naqueles dias de licença e privilégio consentidos…”. Lemos, relemos e sentimo-nos como moscas felizes, a testemunhar essa alegria essencial. "
posted by luis Quarta-feira, Janeiro 20, 2010
Terça-feira, Janeiro 19, 2010
.
James Joyce, fotografiado en 1939 por Gisèle Freund
En un ensayo titulado El fonógrafo de Joyce, Jacques Derrida cuenta que estando en una librería de Tokio oyó a un turista estadonidense exclamar: "¿No sería posible reducir tanto libro como se publica en el mundo a uno solo?". "Tendrían que ser dos", fue la respuesta del filósofo francés, "Ulises y Finnegans wake".
"Con gran dificultad, ayer cogí la pluma y conseguí escribir dos páginas".
"Seamos honestos", dice Charlie Caruso, periodista en Newsweek y The New York Post durante más de 50 años, "el libro es un desastre, pero consigue algo que no consigue ningún otro: reunir a su alrededor a un montón de gente maravillosa".
"Anna fue, Livia es, Plurabelle será". Imposible no imaginarse a Joyce riéndose en su tumba.
posted by luis Terça-feira, Janeiro 19, 2010
Segunda-feira, Janeiro 18, 2010
London Calling
London Eye (2)
David Iliff, British Museum, British Museum Reading Room, 2006.
posted by luis Segunda-feira, Janeiro 18, 2010
Quinta-feira, Janeiro 14, 2010
If you ever go to Houston (21)
LMD, colagem sobre
Spatial Concept `Waiting', 1960, de Lucio Fontana,
2010.Nem de propósito, um destes dias veio à conversa se devíamos ou não listar sites e, ainda mais pormenorizadamente, autores de sites, de jornais, de revistas, por aí fora. Na vida, na escola e fora dela.
Com tanta informação disponível a questão é também essa: saber organizar e ter favoritos suficientes, bons, muitos bons e excelentes, e fomentar e proporcionar. Assim de repente (em quinze minutos mais concretamente, que é o que tenho agora) julgo que a quase todos nós já nos passou isso pela cabeça: a qualidade das nossas fontes, das mais diversas. E quais os critérios que levam a definir essa qualidade.
Quase simples, portanto.
Mas quando a conversa mete net a universidade mais conservadora e conservadora e em geral torce o nariz, agita as pernas, franze as sobrancelhas, incha, fica vermelha e dispara, porque, enfim, a ciência é ciência e para lhe causar uma revolução, Kuhn, quase ainda não pode vir de um sítio que não passa de um sítio muito cosmopolita e hedonístico.
Há dias linquei aqui uma conversa com Umberto Eco, acerca de listas, e a dada altura:
"SPIEGEL: But you also said that lists can establish order. So, do both order and anarchy apply? That would make the Internet, and the lists that the search engine Google creates, prefect for you.
Eco: Yes, in the case of Google, both things do converge. Google makes a list, but the minute I look at my Google-generated list, it has already changed. These lists can be dangerous -- not for old people like me, who have acquired their knowledge in another way, but for young people, for whom Google is a tragedy. Schools ought to teach the high art of how to be discriminating.
SPIEGEL: Are you saying that teachers should instruct students on the difference between good and bad? If so, how should they do that?
Eco: Education should return to the way it was in the workshops of the Renaissance. There, the masters may not necessarily have been able to explain to their students why a painting was good in theoretical terms, but they did so in more practical ways. Look, this is what your finger can look like, and this is what it has to look like. Look, this is a good mixing of colors. The same approach should be used in school when dealing with the Internet. The teacher should say: "Choose any old subject, whether it be German history or the life of ants. Search 25 different Web pages and, by comparing them, try to figure out which one has good information." If 10 pages describe the same thing, it can be a sign that the information printed there is correct. But it can also be a sign that some sites merely copied the others' mistakes."
Entre o bem e o mal... calma, certo, mas entre este e aquele autor, e entre este e aquele livro ou artigo, e entre este e aquele site.
A questão, sempre, entre o bem e o mal, mas...
No passado ano lectivo um grupo de alunos do 12º ano em tom de desafio pediu-me para lhes sugerir um filme para mostrar a três turmas de 12º ano. Indiquei-lhes Young Mr. Lincoln, de John Ford. Uma sala cheia, um filme a preto e branco, de 1939, e não se ouvia uma mosca, ainda que em Junho. No fim só sorrisos e John Ford em ombros pela porta fora.
Este ano, numa das turmas mostramos, um destes dias, o filme Young Mr. Lincoln, de John Ford. Andamos há quinze dias em conversas e discussões sobre algumas das cenas dos filmes, das suas personagens e das suas atitudes. Grande tem sido o entusiasmo. Hoje uma das alunas mostrou-me o filme acabadinho de comprar.
John Ford saiu em ombros e ao som de cânticos.
Lá está, Eco, a internet também. Há dias uma pergunta levou-me a este post, este este:
Is Google Good for History?
"Even the harshest critic here of Google's historic book digitization project confessed to using it for his research and making valuable finds with the tool.
Dan Cohen, director of the Center for History and New Media, at George Mason University: Of course it is," he said. "We historians are searchers and sifters of evidence. Google is probably the most powerful tool in human history for doing just that. It has constructed a deceptively simple way to scan billions of documents instantaneously, and it has spent hundreds of millions of dollars of its own money to allow us to read millions of books in our pajamas. Good? How about great?"
He reported that he regularly has students "discover new topics to study and write about through searches on Google Books."
The vastness of the Google project will fight the "widespread problem of anecdotal history," in which scholars lack the points of comparison to determine the real significance of an event, text or person. "As more documents are scanned and go online, many works of historical scholarship will be exposed as flimsy and haphazard," Cohen said "The existence of modern search technology should push us to improve historical research. It should tell us that our analog, necessarily partial methods have had hidden from us the potential of taking a more comprehensive view."
Generally, Cohen said, academics are too quick to attack Google or any large corporation. Historians "can find fault with virtually anything," he said, and "this disposition is unsurprisingly exacerbated when a large company, consisting mostly of better-paid graduates from the other side of campus, muscles into our turf." Cohen said that "had Google spent hundreds of millions of dollars to build the Widener Library at Harvard, surely we would have complained about all those steps up to the front entrance."
Paul Duguid, adjunct professor at the School of Information at the University of California at Berkeley and a professorial research fellow at the University of London, argued that in fact it's difficult to criticize Google or its various projects without being accused of being a Luddite or otherwise old-fashioned.
Duguid argued that the incorrect misclassification of work is too widespread not to be treated as a huge flaw. He note that when the Google Books Blog recently boasted about new tools to use illustrations for new book covers, he found errors in the books used as examples. For instance, he said that Studies of American Fungi had been classified as a cooking book. And he talked about how Google had once located King Lear in upstate New York (due to the Duke of Albany), and that Google had given Duguid credit for writing a book that appeared in 1879.
Once, when he published an essay critical of Google, Duguid said, a scholar wrote to him that he loved Google digitization because he didn't need to go to the library anymore. Duguid called that tragic, and said if that is the argument being used by scholars (and some librarians) to defend digitization, they should be ashamed. (Generally, he said librarians have been too quick to embrace Google.)
Brandon Badger, project manager for Google Books, said that the scholars need not worry. He said that there is "passion" for book digitization throughout the company.
When one historian talked about how easy the Web makes digital piracy, Badger said he saw Google Books creating the means to sell serious books to far more people in digital versions. He compared the idea to iTunes, in which the availability of music you can purchase in an instant created an alternative to downloading pirated versions.
On the topic of errors, Badger said Google was committed to improvements that would speed corrections. He said that he envisioned a system down the road where, if two scholars point out an error, it would be automatically corrected. But he also said that some errors (such as photos of the hands of those scanning books) were inevitable and were a cost of moving ahead on the project. Holding up a book he read on his flight to the conference, he said that Google could focus entirely on making perfect scans of every page of every book, with classifications that couldn't be disputed and perfect images without anyone's hands visible. But he said it would take 100 years "and we'd all be dead."
The book that Badger held up was later cited in the question period as an example of the culture clash between Google and academe. Google is in fact proud of a non-corporate culture, and Badger was the least formally dressed person on the panel. But although Badger could have passed for a graduate student, the book he held up -- tips on golf -- wasn't what an aspiring grad student would have read on a flight where future department colleagues might spot him.
The professor who cited the book said that when Badger held it up, "you could hear people's eyes roll." And the professor expressed fear that Google and academics might not be engaged in the conversation they need because of a culture clash. He asked Badger whether Google ever considers hiring academics or people who think like academics to handle such discussions and to contribute to the creation of projects.
Badger said that in fact he viewed the historians in the audience as "power users" and came to meetings such as this to learn from them. He said that Google doesn't want to produce products only for "geeky engineers." Badger joked that he would post something on Craigslist right away to seek out more academic advice. The professor, noting the culture clash once again, suggested H-NET might be a better place to seek advice from academics than would be Craigslist. "
Claro que sim, com todos os cuidados que se tem noutros meios, um exemplo que ainda não vi li nos jornais portugueses:
Los cuatro paños flamencos son extraordinarios por varias razones: su época de elaboración -el último cuarto del siglo XV-, sus dimensiones -cada uno de 11 metros de largo y cuatro de alto- y el detalle con el que narran hechos contemporáneos, con estilo casi periodístico.
Los tapices reflejan varias etapas en la toma de las ciudades norteafricanas de Arzila y Tánger por el monarca portugués Alfonso V (1432-1481), y proporcionan valiosa información sobre los uniformes y las armas de los portugueses en la época.
Lá está a internet, a História através da internet, quando as pessoas ainda diziam e dizem, por exemplo nos programas de informação das oito da noite, lá na internet, como se fosse um sítio estranho e muito muito perigoso. "Mete à internet e vê o que dá".
Essa internet que nos vai mudando, moldando:
A pergunta de 2010 é, literalmente: “Como está a Internet a mudar a maneira como você pensa?”
"Eles respondem: que a Internet os (nos) tornou mais espertos, menos profundos, mais rápidos, menos focados, mais acelerados, menos criativos, mais tácteis, menos visuais, mais altruístas, menos arrogantes. Que expandiu radicalmente a nossa memória, mas fez de nós, ao mesmo tempo, reféns do presente. A grande teia surge
equiparada a um ecossistema, um cérebro colectivo, uma memória universal, uma consciência global, um mapa total da geografi a e da história.
Até ao fecho desta edição, tinham respondido ao desafi o 121 fi lósofos, cientistas, médicos, engenheiros, escritores, artistas, jornalistas.
Kevin Kelly, Fundador da revista Wired: Tornei-me mais “esperto” em factos, mas o meu saber é hoje mais frágil. Tudo o que aprendo é sujeito a erosão. As minhas certezas sobre seja o que for diminuíram, isto é, em geral, parto cada vez mais do princípio que aquilo que sei está errado. A Internet também esbateu a diferença entre o meu pensamento sério e o meu pensamento lúdico. Penso que a conjugação de jogo e trabalho, de pensar a sério e pensar a brincar, é um dos mais fantásticos efeitos da Internet.
Stephen Kosslyn, Psicólogo, Universidade de Harvard: A Internet estendeu a minha
memória, a minha percepção, os meus juízos de valor. Estes efeitos tornaram-se ainda mais notáveis desde que tenho um smart phone. Hoje, uso-o regularmente para verificar factos, ver vídeos, ler blogues. O inconveniente é que dantes tinha tempos mortos durante os quais deixava vaguear a minha mente e de onde podiam surgir pensamentos ou ideias inesperadas. Esses intervalos tornaram-se menos frequentes. Mas acho que é um pequeno preço a pagar: hoje, penso melhor do que antes de ter integrado a Internet nos meus processos mentais e emocionais.
James O’Donnell, Classicista, Universidade de Georgetown: Os meus dedos passaram a fazer parte do meu cérebro. Pessoalmente, e apenas por enquanto, é sobretudo nos meus dedos que reparo. Quando estou fora do meu gabinete, perguntem-me uma coisa interessante e puxo logo do meu Blackberry – é uma reacção física, preciso de começar a manipular a informação na ponta dos meus dedos. Ao computador é o mesmo padrão: o sinal de que estou a pensar é que estendo a mão e começo a abanar o rato. Os meus olhos e as minhas mãos já aprenderam novas maneiras de trabalhar com o meu cérebro, num processo que, para mim, é realmente uma nova maneira de pensar. O mundo da informação está mais táctil do que nunca.
Seth Lloyd, Engenheiro, MIT: Penso menos. E, quando penso, sou mais preguiçoso. Durante centenas de milhões de anos, o sexo foi a maneira mais eficiente de propagar informação de procedência duvidosa: as origens de todos aqueles fragmentos de lixo genético do ADN perderam-se nas areias da história reprodutiva. Mas a Web usurpou o lugar do sexo. Basta um download ilegal para propagar mais bocados de informação parasita do que um voo nupcial de moscas tsétsé. Por enquanto, a capacidade da Internet para propagar informação de forma promíscua é uma bênção. Mas o que acontecerá a seguir? Não me perguntem a mim. Nessa altura, espero ter parado completamente de pensar.
Lee Smolin, Físico, Perimeter Institute: Até agora, a Internet não mudou a nossa maneira de pensar. Mas alterou radicalmente o contexto do nosso pensamento e do nosso
trabalho. Dantes cultivávamos o pensamento, agora tornamo-nos caçadores-recolectores de imagens e de informação. Talvez, quando a Internet estiver soldada aos nossos óculos ou aos nossos dentes, e os ecrãs forem substituídos por lasers a desenhar imagens directamente nas nossas retinas, as mudanças sejam mais profundas.
Joshua Greene, Neurocognitivista e filósofo, Universidade de Harvard: A Internet não mudou a nossa forma de pensar mais do que o microondas mudou a nossa forma do digerir os alimentos. Deu-nos um acesso sem precedentes à informação, mas não mudou o que fazemos com ela quando a temos na nossa cabeça. Isso é assim porque a Internet (ainda) não sabe pensar. Ainda temos de o fazer nós próprios, à maneira antiga. Até isso mudar, a Internet vai continuar a ser nada mais, nada menos, do que um utilíssimo, e muito estúpido, criado mudo.
Tom Standage Editor do Economist: A Internet não mudou a minha maneira de pensar. O que sim fez, porém, foi agudizar a minha memória. Uma rápida pesquisa de palavras chave bem escolhidas costuma ser sufi ciente para transformar a minha fraca reminiscência de qualquer coisa numa recordação perfeita da informação em causa. Isto é útil agora e vai tornar-se ainda mais útil quando, ao envelhecer, a minha memória fi car menos fi ável. No futuro, talvez o mesmo aconteça com a forma como a Internet aumenta as nossas faculdades mentais."
Essa internet que vamos fazendo todos os dias. Quando for grande...
posted by luis Quinta-feira, Janeiro 14, 2010
Terça-feira, Janeiro 12, 2010
posted by luis Terça-feira, Janeiro 12, 2010
Segunda-feira, Janeiro 11, 2010
Mort d'Eric Rohmer, légende du cinéma français
LE MONDE 11.01.10 18h36 • Mis à jour le 11.01.10 19h30
Non,
Mort d´Eric Rohmer, légende du cinéma
posted by luis Segunda-feira, Janeiro 11, 2010 / 18h40
Pára tudo, mesmo tudo.
posted by luis Segunda-feira, Janeiro 11, 2010
London Calling
London Eye (1)
Dynamic Suprematism 1915 or 1916
Supremus
"In contrast to Malevich’s transcendent abstraction, Serra’s Trip Hammer embodies a powerfully material presence. The plates of heavy steel are balanced and unfixed. Carefully proportioned and poised, they combine classical simplicity with a sense of nervous energy and tension."
posted by luis Segunda-feira, Janeiro 11, 2010
Quinta-feira, Janeiro 07, 2010
meia dúzia de fotografias, ou mais, ou menos, tiradas em 2009
e
que os autores não se importaram que elas fossem mostradas aqui (1)CPV, sem título, Istambul, 2009.
posted by luis Quinta-feira, Janeiro 07, 2010
























